[Etiopía en positivo] La voz de Hachalu Hundessa

El 29 de junio el cantante y activista Hachalu Hundessa fue asesinado en Addis Abeba, lo que desencadenó una serie de protestas en las que cerca de 250 personas perdieron la vida y unas 5.000 personas fueron arrestadas por las autoridades etíopes (Fuente: The New York Times).

Durante los primeros días de protestas presenciamos, a través de las redes sociales, como los manifestantes quemaban edificios, tiraban estatuas y cómo el ejército se desplegaba para reprimir las protestas. Después, nada. El gobierno etíope incomunicó el país entero -gesto nada sorprendente- para que no se filtraran más imágenes de las vulneraciones de los derechos humanos que se producen en el país.

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[Etiopía en positivo] Organización civil y autogestión en Etiopía

No es nada extraño que el escepticismo carcoma mi capacidad de querer creer en un cambio -de las condiciones vitales y materiales de la gente del pueblo etíope– hecho desde las élites políticas. De hecho, la política ha demostrado que su única vara de medir es, precisamente, el poder y el capital. Es por esto, que me es complicado hablar de cambios políticos en Etiopía en términos de mejoras sociales hacia la población civil. Los políticos solo tratan de mantener sus sillas, sin importar aquello que acontece a sus conciudadanos.

Partiendo de esta posición, visiblemente negativa, de la política en general y de Etiopía en particular, me voy a centrar en aquellos que cambian el país día a día y persona a persona: los movimientos civiles que luchan por sus derechos.

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[Etiopía en positivo] Abiy Ahmed Alí, Premio Nobel de la Paz

El viernes 11 de octubre del 2019 se anunció que el Primer Ministro etíope, Abiy Ahmed Alí, había sido galardonado con el premio Nobel de la Paz. El motivo por el que el jurado decidió otorgar el laurel a Ahmed fue su crucial papel en la promoción y reconciliación con el gobierno eritreo, acuerdo de paz que firmaron el propio laureado e Isaias Afewerki.

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Los olvidados

Nadie teme a la muerte; en verdad, lo que nos aterra es el olvido. Vivimos sabiendo que el día en que llegue nuestra hora nos van a llorar, sabemos que después del final, alguien recordará nuestro nombre. ¡Qué suerte la nuestra! Vivimos con la fortuna de saber que amanecemos con un techo sobre nuestra cabeza, con un plato caliente en la mesa y un guardián que velará nuestras pesadillas. Somos unos privilegiados.

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[Etiopía en positivo] Inmigración: el derribo de los muros físicos y mentales

La vida es aquello que transcurre entre el hogar y la búsqueda de éste; es el anhelo que nos mueve a todos. Muchas personas nunca llegan a plantearse esta disyuntiva; como dice el dicho: “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”, y seamos sinceros, hay gente que nunca pierde lo bastante como para poder valorar aquello cotidiano. La aplicación de otra mirada, en cierta manera sorpresiva, de los objetos es reservada a un grupo determinado de la humanidad, aquellos que antes han renunciado.

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[Etiopía en positivo] #Metooethiopia, la revolución de las mujeres en las redes

Según las Naciones Unidas, cada día son asesinadas unas 137 mujeres en el mundo como consecuencia directa de la violencia machista, cada 4 minutos una mujer es violada en cualquier rincón del mundo y miles de niñas son casadas de forma forzosa cada año. La verdad es que me podría pasar páginas enteras dando cifras espeluznantes sobre la violencia que se ejerce sobre la mujer en todos los ámbitos y países, pero me voy a centrar en los datos que he dado hasta ahora.

Foto de @metooethiopia

Las mujeres no nos quejamos, como decía el documental de TV3 (De què es queixen les dones), sino que reivindicamos nuestros derechos: igualdad, respeto y, sobre todo, el derecho a la vida. Queremos vivir dignamente. Nos hemos unido todas para combatir un enemigo común; el patriarcado. No queremos seguir caminando por la calle temiendo cada sombra que la luna proyecta sobre el asfalto o la arena, no queremos que nos griten improperios por la calle, que nos acosen por las redes o nos sigan hasta casa, que nuestras parejas nos apalicen bajo la impunidad jurídica, cobrar menos que nuestros compañeros de trabajo por hacer exactamente la misma tarea, que nos despidan por estar embarazadas, etc.

No nos faltan motivos para luchar, pero a veces necesitamos una gota en el desierto para empezar la tormenta. El año 2006 la activista estadounidense Tarana Burke empezó el movimiento #metoo para luchar contra el acoso sexual y el 2017 la actriz Alyssa Milano popularizó el movimiento contando su caso y animando a otras mujeres a contar sus historias. Las redes se llenaron de miles de relatos escalofriantes de abusos sexuales y acoso. El hashtag #metoo cuenta con más de 500.000 participaciones hasta ahora.

Las estudiantes de Sudáfrica empezaron un movimiento que cuajó mejor, en su contexto, que el #metoo; #stoprapeculture. Empezó en las redes para visibilizar y forzar a las autoridades a dar una respuesta a todas aquellas mujeres que eran violadas en los campus universitarios. De las universidades se fue extendiendo a más sectores sociales, porque la cultura de la violación se encuentra en cualquier sitio y trabajo. Es un mal que aqueja todo un sistema que no es capaz de proteger a las víctimas ni castigar a los agresores, porque el sistema es el patriarcado.

Partiendo de estas oleadas de mujeres valientes que contando sus historias visibilizaron un problema que hasta entonces había sido tabú, muchas otras quisieron unir sus voces al movimiento animando a sus compatriotas a compartir también sucesos de sus vidas. Así salieron el #metoo Brasil, Argentina, China, India, etc. En enero de 2019 una página de Instagram (@shadesofinjera) inició el #metoo Etiopía para animar a las mujeres de este país a compartir sus historias. En pocas horas, muchas mujeres mandaron sus relatos de abusos.

 

Mi padre nos ha estado haciendo esta mierda a mi hermana y a mí durante AÑOS durante nuestra infancia, adolescencia e incluso en la edad adulta. Y cuando finalmente tuvimos el coraje para hacerle frente, él, sin pestañear, dijo simple, calmada y despreocupadamente: “… es común”.

                                                                                                      (Testimonio anónimo)

 

“Misaye” me susurró usando el nombre que usaba mi familia para llamarme, haciendo que el hedor de su boca fuese hacia mis fosas nasales mientras sus dedos llegaban a su destino. Me sobresalté completamente despierta.

                                                                                                   (Fragmento de un testimonio anónimo)

 

Hay muchos relatos como estos en la página de Instagram de @shadesofinjera. Muchas mujeres nos cuentan que sufrieron abusos por parte de personas cercanas; tíos, abuelos, primos, hermanos y padres. Si ya es difícil hablar de una violación, el hecho de que el daño haya sido provocado por un familiar aún agrava más la situación, ya que se vuelve un tema más tabú de lo que ya suele ser. Además tenemos que añadir las dificultades que se tienen cuando una mujer va a denunciar y la juzgan a ella en vez de al agresor.

Hace unos meses los diarios locales se llenaron de artículos sobre unas mujeres indias que se habían organizado para boicotear bodas infantiles. La India no es el único país con esta práctica, son muchos los países donde aún se arreglan bodas entre señores y niñas. Etiopía aún no ha podido frenar esta atrocidad, aunque es una práctica prohibida, las autoridades cierran los ojos ante esta vulneración de los derechos de la infancia. Cuando los políticos fallan, todas deberíamos hacer como las mujeres de la India y hacer cambios en nuestro entorno, no debemos naturalizar lo que claramente es un suceso terrible.

Desde el movimiento #metooethiopia se ha pedido en numerosas ocasiones que el gobierno etíope tome parte de esta tendencia y impulse cambios para proteger las mujeres y niñas. Ningún país debería tener unas políticas que excluyan a sus ciudadanos. Donde el patriarcado es norma, la lucha es un deber ciudadano.

Gracias a la acción de una persona preocupada por conocer todas estas vidas invisibles, muchas mujeres han podido comprobar que no están solas, que todas nos encontramos frente a un mismo enemigo y un mismo mal. A estas alturas, nuestra revolución es imparable. Como gritábamos el 8 de marzo, “el miedo va a cambiar de bando”.

 

Bezawerk Oliver

 

[Etiopía en positivo] El sonido de Etiopía

Hace unos años The Guardian publicó un artículo sobre los sonidos de Etiopía según la percepción de Jacob Kierkegaard, un músico experimental alemán. Esto me llevó a pensar en los sonidos que me remiten al país, aquellos que inevitablemente me transportan a las calles de mi infancia.

Seguramente, igual que en cualquier otra ciudad, los bocinazos, el ronquido de los motores de los coches y los gritos en hora punta son una constante que nos recuerdan que es una ciudad viva. Lo que no es tan común es oír, de vez en cuando, el ganado paciendo en medio del caos cosmopolita, el repicar de las campanas de las múltiples iglesias, que a veces iban descompasadas, o bien el particular llamamiento a los deberes religiosos de las mezquitas.

 

Calles de Etiopía

 

En cuanto al ejercicio religioso, solo puedo hablar del ortodoxo: es una comunión de sonidos rimados y melodiosos, casi hipnóticos. Los particulares instrumentos musicales tienen un gran abanico de posibilidades sónicas; a veces son de una dulzura increíble y, en otros momentos, resultan ruidosos y felices.

 

Canto de Yared

 

Puede que una de las constantes cerca de una iglesia sea la muerte, el sonido de un entierro es inolvidable. Entre los desesperados llantos de la familia y amigos y el olor a incienso, se encuentra la música. Esta vez no alegra el corazón, solo marca el ritmo al que se desplaza el ataúd, con el sonajero metalizado y el único tambor adlátere triste.

Vayas donde vayas no te libras de oír, casi en bucle, los últimos “hits” musicales y, casi inconscientemente, te encuentras cantando e intentando controlar tus extremidades que siguen el ritmo de la música en contra de tu voluntad. Puede que este sea uno de los motivos de la jovialidad y alegría de las risas de la gente del país.

Los mercados son un espectáculo para los sentidos, donde priman el color, el olor y el sonido por encima de cualquier otra cosa. Seguramente, muchos se quedan con el griterío general anunciando sus productos y el cuchicheo envolvente de los comerciantes y compradores regateando. El chirrido de los artesanos fabricando sus productos se mezcla con el de los bebés llorando, cosas pesadas cayendo y el chillido generalizado de los animales con los que se comercia.

 

Mercado de Kombolcha

 

En general, Etiopía es un país con un sonido atemporal, menos por los coches. El resto de sonidos siempre han estado allí pasando de generación a generación. Ahora se mezcla la modernidad con la tradición, en una misma ciudad puede pasar tanto un camión lleno de grano como un burro con el mismo producto. No tiene demasiada prisa en asemejarse al resto y verse arrastrada en el letargo automatizado y homogéneo de occidente.

Es uno de estos extraños países que se despierta con la salida del sol y el canto del gallo subido a lo más alto del gallinero y se va a dormir cuando la luna asoma la nariz y la hiena empieza a entonar su aterradora canción.

 

Bezawerk Oliver Martínez

Fotos: Haile Fàbrega