Anna Soler-Pont, mare de l’Ennatu

EL PRIMER VIAJE DE RETORNO

En agosto de 2006, tres años después de convertirnos en los nuevos padres de Ennatu,  regresamos juntos a Etiopía. Había dejado atrás su país en el verano de 2003, con siete años de edad, muy vividos y repletos de recuerdos. “¿No os habéis precipitado?” nos preguntaban unos. “Tan integrada como está, ¿no le perjudicará regresar? nos preguntaban otros. Después de escuchar consejos, de leer estudios y de hablar con otras personas que habían pasado por la misma experiencia, decidimos guiarnos por nuestra intuición y dar a Ennatu la posibilidad de fijar sus recuerdos desde su nueva mirada de niña occidental, con referencias, sabiendo situar Etiopía en un mapa, tras haber aprendido más de una lengua y habiendo viajado a otros sitios. Tuvimos la suerte de poder compartir el viaje con otra familia que también había decidido volver a los pueblos en los que su hija, Banchi (de edad similar a Ennatu), recordaba haber vivido con su madre y su hermano. Algunos de estos pueblos, que ni salían en los mapas, ¡eran los mismos en los que Ennatu vivió de pequeña! Sus respectivas madres habían fallecido en el mismo lugar, en Gondar, y las dos niñas habían pasado unas semanas en el mismo centro de las Misioneras de la Caridad de aquella ciudad al quedarse huérfanas, con nueve meses de diferencia. Las coincidencias hicieron que se conociesen en Barcelona gracias a amigos comunes de sus padres adoptivos.

Pedimos a Abera Kumbi (un guía etíope formado en Cuba en los años setenta, que habla castellano y que ya nos había ayudado en 2003 haciendo de intérprete de Ennatu)  que nos acompañase durante el viaje. Recorrimos más de 3.000 km en jeep, la mayor parte por pistas sin asfaltar, comíamos donde podíamos y de lo que había y pasábamos la noche casi siempre en “hoteles” modestos. No fue un viaje fácil. Ni físicamente ni emocionalmente. Todos lloramos en un momento u otro. Asistir al proceso de redescubrimiento de los paisajes, los olores, las comidas y los objetos de la infancia de una hija es muy especial. También constatar cómo se idealizan los recuerdos, que resultan no ser tan agradables cuando se revisitan. Encontramos algún pariente, una amiga de su madre y pudimos volver al centro de las misioneras de la Caridad de Gondar a dar las gracias por todo lo que habían hecho por Ennatu y por Banchi (y antes por sus madres biológicas). La responsable del lugar en aquel momento era Sister Mariska, una india de Calculta que veía morir unas tres personas al día. Pero nos dijo que nunca nada la había impresionado tanto en los cuatro años que llevaba al frente del Centro como ver entrar por la puerta a dos niñas que ella misma había enviado a su centro en Addis Abeba, la capital, para intentar que fuesen adoptadas. Si una mujer curtida y a prueba de emociones estaba tan emocionada, resulta fácil imaginar cómo estábamos nosotros!

El primer viaje de regreso se lo recomiendo a todos, aunque admito que es muy duro. He visto cómo ayuda a recolocar en su sitio las piezas del puzzle de la vida y a avanzar en el proceso del duelo, importante y necesario. A nuestra hija le ayudó a entender mucho mejor el relato de su historia, qué le había pasado, por qué ahora vivía en Barcelona y cómo había llegado hasta allá. Le permitió tener su pasado asimilado antes de la adolescencia y estar en paz con su presente. Lo mismo opinan quienes han acompañado a otros niños y niñas como Ennatu y Banchi en este primer retorno que, evidentemente, cada cual vive de manera diferente.

El 2009 viajamos de nuevo a Etiopía, tres años después del primer retorno. Entonces Ennatu pudo conocer adolescentes como ella y compartir algún de día de clase en la escuela con ellos. Y ya tuvo claro que a pesar de su irreversible condición de barcelonesa y de la distancia, siempre tendría un pie en Etiopía. Ahora el gran tema es la lengua: a pesar de las clases particulares que le dio Abraham (propietario de uno de los dos restaurantes etíopes de Barcelona) y de mantenerla viva a través de canciones, ya no puede hablar en amárico. El inglés es un vehículo para poder entenderse con etíopes que tienen estudios. I el inglés está a su alcance. Esto la tranquiliza. Cuando se han aprendido diferentes lenguas, reaprender la  primera lengua materna ya no parece imposible.

Anna Soler-Pont, abril 2012