Los olvidados

Los olvidados

Nadie teme a la muerte; en verdad, lo que nos aterra es el olvido. Vivimos sabiendo que el día en que llegue nuestra hora nos van a llorar, sabemos que después del final, alguien recordará nuestro nombre. ¡Qué suerte la nuestra! Vivimos con la fortuna de saber que amanecemos con un techo sobre nuestra cabeza, con un plato caliente en la mesa y un guardián que velará nuestras pesadillas. Somos unos privilegiados.

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[Etiopía en positivo] Inmigración: el derribo de los muros físicos y mentales

[Etiopía en positivo] Inmigración: el derribo de los muros físicos y mentales

La vida es aquello que transcurre entre el hogar y la búsqueda de éste; es el anhelo que nos mueve a todos. Muchas personas nunca llegan a plantearse esta disyuntiva; como dice el dicho: “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”, y seamos sinceros, hay gente que nunca pierde lo bastante como para poder valorar aquello cotidiano. La aplicación de otra mirada, en cierta manera sorpresiva, de los objetos es reservada a un grupo determinado de la humanidad, aquellos que antes han renunciado.

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[Etiopía en positivo] #Metooethiopia, la revolución de las mujeres en las redes

Según las Naciones Unidas, cada día son asesinadas unas 137 mujeres en el mundo como consecuencia directa de la violencia machista, cada 4 minutos una mujer es violada en cualquier rincón del mundo y miles de niñas son casadas de forma forzosa cada año. La verdad es que me podría pasar páginas enteras dando cifras espeluznantes sobre la violencia que se ejerce sobre la mujer en todos los ámbitos y países, pero me voy a centrar en los datos que he dado hasta ahora.

Foto de @metooethiopia

Las mujeres no nos quejamos, como decía el documental de TV3 (De què es queixen les dones), sino que reivindicamos nuestros derechos: igualdad, respeto y, sobre todo, el derecho a la vida. Queremos vivir dignamente. Nos hemos unido todas para combatir un enemigo común; el patriarcado. No queremos seguir caminando por la calle temiendo cada sombra que la luna proyecta sobre el asfalto o la arena, no queremos que nos griten improperios por la calle, que nos acosen por las redes o nos sigan hasta casa, que nuestras parejas nos apalicen bajo la impunidad jurídica, cobrar menos que nuestros compañeros de trabajo por hacer exactamente la misma tarea, que nos despidan por estar embarazadas, etc.

No nos faltan motivos para luchar, pero a veces necesitamos una gota en el desierto para empezar la tormenta. El año 2006 la activista estadounidense Tarana Burke empezó el movimiento #metoo para luchar contra el acoso sexual y el 2017 la actriz Alyssa Milano popularizó el movimiento contando su caso y animando a otras mujeres a contar sus historias. Las redes se llenaron de miles de relatos escalofriantes de abusos sexuales y acoso. El hashtag #metoo cuenta con más de 500.000 participaciones hasta ahora.

Las estudiantes de Sudáfrica empezaron un movimiento que cuajó mejor, en su contexto, que el #metoo; #stoprapeculture. Empezó en las redes para visibilizar y forzar a las autoridades a dar una respuesta a todas aquellas mujeres que eran violadas en los campus universitarios. De las universidades se fue extendiendo a más sectores sociales, porque la cultura de la violación se encuentra en cualquier sitio y trabajo. Es un mal que aqueja todo un sistema que no es capaz de proteger a las víctimas ni castigar a los agresores, porque el sistema es el patriarcado.

Partiendo de estas oleadas de mujeres valientes que contando sus historias visibilizaron un problema que hasta entonces había sido tabú, muchas otras quisieron unir sus voces al movimiento animando a sus compatriotas a compartir también sucesos de sus vidas. Así salieron el #metoo Brasil, Argentina, China, India, etc. En enero de 2019 una página de Instagram (@shadesofinjera) inició el #metoo Etiopía para animar a las mujeres de este país a compartir sus historias. En pocas horas, muchas mujeres mandaron sus relatos de abusos.

 

Mi padre nos ha estado haciendo esta mierda a mi hermana y a mí durante AÑOS durante nuestra infancia, adolescencia e incluso en la edad adulta. Y cuando finalmente tuvimos el coraje para hacerle frente, él, sin pestañear, dijo simple, calmada y despreocupadamente: “… es común”.

                                                                                                      (Testimonio anónimo)

 

“Misaye” me susurró usando el nombre que usaba mi familia para llamarme, haciendo que el hedor de su boca fuese hacia mis fosas nasales mientras sus dedos llegaban a su destino. Me sobresalté completamente despierta.

                                                                                                   (Fragmento de un testimonio anónimo)

 

Hay muchos relatos como estos en la página de Instagram de @shadesofinjera. Muchas mujeres nos cuentan que sufrieron abusos por parte de personas cercanas; tíos, abuelos, primos, hermanos y padres. Si ya es difícil hablar de una violación, el hecho de que el daño haya sido provocado por un familiar aún agrava más la situación, ya que se vuelve un tema más tabú de lo que ya suele ser. Además tenemos que añadir las dificultades que se tienen cuando una mujer va a denunciar y la juzgan a ella en vez de al agresor.

Hace unos meses los diarios locales se llenaron de artículos sobre unas mujeres indias que se habían organizado para boicotear bodas infantiles. La India no es el único país con esta práctica, son muchos los países donde aún se arreglan bodas entre señores y niñas. Etiopía aún no ha podido frenar esta atrocidad, aunque es una práctica prohibida, las autoridades cierran los ojos ante esta vulneración de los derechos de la infancia. Cuando los políticos fallan, todas deberíamos hacer como las mujeres de la India y hacer cambios en nuestro entorno, no debemos naturalizar lo que claramente es un suceso terrible.

Desde el movimiento #metooethiopia se ha pedido en numerosas ocasiones que el gobierno etíope tome parte de esta tendencia y impulse cambios para proteger las mujeres y niñas. Ningún país debería tener unas políticas que excluyan a sus ciudadanos. Donde el patriarcado es norma, la lucha es un deber ciudadano.

Gracias a la acción de una persona preocupada por conocer todas estas vidas invisibles, muchas mujeres han podido comprobar que no están solas, que todas nos encontramos frente a un mismo enemigo y un mismo mal. A estas alturas, nuestra revolución es imparable. Como gritábamos el 8 de marzo, “el miedo va a cambiar de bando”.

 

Bezawerk Oliver

 

[Etiopía en positivo] El sonido de Etiopía

Hace unos años The Guardian publicó un artículo sobre los sonidos de Etiopía según la percepción de Jacob Kierkegaard, un músico experimental alemán. Esto me llevó a pensar en los sonidos que me remiten al país, aquellos que inevitablemente me transportan a las calles de mi infancia.

Seguramente, igual que en cualquier otra ciudad, los bocinazos, el ronquido de los motores de los coches y los gritos en hora punta son una constante que nos recuerdan que es una ciudad viva. Lo que no es tan común es oír, de vez en cuando, el ganado paciendo en medio del caos cosmopolita, el repicar de las campanas de las múltiples iglesias, que a veces iban descompasadas, o bien el particular llamamiento a los deberes religiosos de las mezquitas.

 

Calles de Etiopía

 

En cuanto al ejercicio religioso, solo puedo hablar del ortodoxo: es una comunión de sonidos rimados y melodiosos, casi hipnóticos. Los particulares instrumentos musicales tienen un gran abanico de posibilidades sónicas; a veces son de una dulzura increíble y, en otros momentos, resultan ruidosos y felices.

 

Canto de Yared

 

Puede que una de las constantes cerca de una iglesia sea la muerte, el sonido de un entierro es inolvidable. Entre los desesperados llantos de la familia y amigos y el olor a incienso, se encuentra la música. Esta vez no alegra el corazón, solo marca el ritmo al que se desplaza el ataúd, con el sonajero metalizado y el único tambor adlátere triste.

Vayas donde vayas no te libras de oír, casi en bucle, los últimos “hits” musicales y, casi inconscientemente, te encuentras cantando e intentando controlar tus extremidades que siguen el ritmo de la música en contra de tu voluntad. Puede que este sea uno de los motivos de la jovialidad y alegría de las risas de la gente del país.

Los mercados son un espectáculo para los sentidos, donde priman el color, el olor y el sonido por encima de cualquier otra cosa. Seguramente, muchos se quedan con el griterío general anunciando sus productos y el cuchicheo envolvente de los comerciantes y compradores regateando. El chirrido de los artesanos fabricando sus productos se mezcla con el de los bebés llorando, cosas pesadas cayendo y el chillido generalizado de los animales con los que se comercia.

 

Mercado de Kombolcha

 

En general, Etiopía es un país con un sonido atemporal, menos por los coches. El resto de sonidos siempre han estado allí pasando de generación a generación. Ahora se mezcla la modernidad con la tradición, en una misma ciudad puede pasar tanto un camión lleno de grano como un burro con el mismo producto. No tiene demasiada prisa en asemejarse al resto y verse arrastrada en el letargo automatizado y homogéneo de occidente.

Es uno de estos extraños países que se despierta con la salida del sol y el canto del gallo subido a lo más alto del gallinero y se va a dormir cuando la luna asoma la nariz y la hiena empieza a entonar su aterradora canción.

 

Bezawerk Oliver Martínez

Fotos: Haile Fàbrega

[Etiopía en positivo] El supercereal etíope, la nueva moda en occidente

Etiopía es un país gastronómicamente rico, no solo por su famosísimo café sino porque también es donde se encuentra el cereal de moda en occidente, un cereal que ha estado alimentando al pueblo etíope desde hace más de 5.000 años: el teff.

El pueblo abisinio elabora con este cereal unas grandes tortas , la llamada injera, a las cuales añade algunas sabrosas y especiadas salsas encima. Es una comida pensada para ingerir con las manos y en comunidad. Igual que pasa con el café, comer injera también es una ceremonia que vale la pena presenciar, donde prima la familia, el respeto y el hecho mismo de compartir instantes con los seres queridos.

Durante mucho tiempo, el pueblo etíope ha tenido como único alimento esta base con guisos y salsas, que podían ser de carne o verduras según la capacidad adquisitiva, la época del año y la religión de la persona.

Para los que nunca habéis probado la injera, esta resulta ser una explosión de sabores, colores diversos y ricos que no dejan a nadie indiferente. Además, si esta ha sido elaborada con teff, el contraste del sabor agrio de la base (debido a la fermentación en el proceso de elaboración) con el de las salsas resulta realmente delicioso.
Asimismo, los despojos del teff se usan en la construcción de casas de paja, las famosas y arquetípicas gojo bet, que encontramos sobre todo en entornos rurales. La paja se mezcla con adobe y fango para formar una masa que sirve como cemento. Y también es alimento para el ganado.

Estas pequeñas semillas crecen a grandes altitudes y tienen un alto valor nutricional. Particularmente tienen un alto contenido de calcio, hierro y proteína. Además, el teff es un alimento sin gluten, lo que lo convierte en el paradigma alimentario de Occidente. Es por esta razón que cada vez más tiendas, en nuestras ciudades, ofrecen este producto.


Aunque la internacionalización del teff podría ser una buena noticia, no nos sorprende que esté teniendo daños colaterales. La creciente demanda de este cereal por parte de occidente ha hecho subir los precios dentro del país, un hecho que ha provocado que muchas personas etíopes no tengan acceso a él. Además, los agricultores están mal pagados por las multinacionales que están explotando los terrenos de cultivo.

Pese a que países como España estén intentando cultivar teff en tierras propias, aun no se ha encontrado una solución duradera para combatir este creciente aumento de precios. Una vez más, las multinacionales europeas nos dejan un reguero de daños colaterales, seguramente porque las leyes son laxas con ellos o directamente no existe tal regulación.

Es complicado decir que tal idea o tal otra es una solución, pero cualquier compra que se haga con conciencia y responsabilidad ayuda a avanzar hacia un remedio favorable para ambas partes.

 

Bezawerk Oliver