Doble identidad: el nexo entre la inmigración y la adopción

Doble identidad: el nexo entre la inmigración y la adopción

Hace meses que espero con expectación cada entrada de la Bezawerk Oliver en el blog de AFNE donde analiza corrientes feministas, desarrollo político y social de Etiopía en positivo. De todos sus textos el que me ha llamado más la atención ha sido Inmigración: el derribo de los muros físicos y mentales, publicado en mayo de 2019. No por la descripción del excelente papel de Etiopía en política de inmigración, ni por la breve introducción a la filosofía sobre la pertenencia cultural más que territorial, sino por el fantástico intento de asociar la comunidad adoptada etíope con la inmigrante remarcando el tema del racismo en una sola frase.

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Los olvidados

Los olvidados

Nadie teme a la muerte; en verdad, lo que nos aterra es el olvido. Vivimos sabiendo que el día en que llegue nuestra hora nos van a llorar, sabemos que después del final, alguien recordará nuestro nombre. ¡Qué suerte la nuestra! Vivimos con la fortuna de saber que amanecemos con un techo sobre nuestra cabeza, con un plato caliente en la mesa y un guardián que velará nuestras pesadillas. Somos unos privilegiados.

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[Etiopía en positivo] Inmigración: el derribo de los muros físicos y mentales

[Etiopía en positivo] Inmigración: el derribo de los muros físicos y mentales

La vida es aquello que transcurre entre el hogar y la búsqueda de éste; es el anhelo que nos mueve a todos. Muchas personas nunca llegan a plantearse esta disyuntiva; como dice el dicho: “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”, y seamos sinceros, hay gente que nunca pierde lo bastante como para poder valorar aquello cotidiano. La aplicación de otra mirada, en cierta manera sorpresiva, de los objetos es reservada a un grupo determinado de la humanidad, aquellos que antes han renunciado.

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[Etiopía en positivo] #Metooethiopia, la revolución de las mujeres en las redes

Según las Naciones Unidas, cada día son asesinadas unas 137 mujeres en el mundo como consecuencia directa de la violencia machista, cada 4 minutos una mujer es violada en cualquier rincón del mundo y miles de niñas son casadas de forma forzosa cada año. La verdad es que me podría pasar páginas enteras dando cifras espeluznantes sobre la violencia que se ejerce sobre la mujer en todos los ámbitos y países, pero me voy a centrar en los datos que he dado hasta ahora.

Foto de @metooethiopia

Las mujeres no nos quejamos, como decía el documental de TV3 (De què es queixen les dones), sino que reivindicamos nuestros derechos: igualdad, respeto y, sobre todo, el derecho a la vida. Queremos vivir dignamente. Nos hemos unido todas para combatir un enemigo común; el patriarcado. No queremos seguir caminando por la calle temiendo cada sombra que la luna proyecta sobre el asfalto o la arena, no queremos que nos griten improperios por la calle, que nos acosen por las redes o nos sigan hasta casa, que nuestras parejas nos apalicen bajo la impunidad jurídica, cobrar menos que nuestros compañeros de trabajo por hacer exactamente la misma tarea, que nos despidan por estar embarazadas, etc.

No nos faltan motivos para luchar, pero a veces necesitamos una gota en el desierto para empezar la tormenta. El año 2006 la activista estadounidense Tarana Burke empezó el movimiento #metoo para luchar contra el acoso sexual y el 2017 la actriz Alyssa Milano popularizó el movimiento contando su caso y animando a otras mujeres a contar sus historias. Las redes se llenaron de miles de relatos escalofriantes de abusos sexuales y acoso. El hashtag #metoo cuenta con más de 500.000 participaciones hasta ahora.

Las estudiantes de Sudáfrica empezaron un movimiento que cuajó mejor, en su contexto, que el #metoo; #stoprapeculture. Empezó en las redes para visibilizar y forzar a las autoridades a dar una respuesta a todas aquellas mujeres que eran violadas en los campus universitarios. De las universidades se fue extendiendo a más sectores sociales, porque la cultura de la violación se encuentra en cualquier sitio y trabajo. Es un mal que aqueja todo un sistema que no es capaz de proteger a las víctimas ni castigar a los agresores, porque el sistema es el patriarcado.

Partiendo de estas oleadas de mujeres valientes que contando sus historias visibilizaron un problema que hasta entonces había sido tabú, muchas otras quisieron unir sus voces al movimiento animando a sus compatriotas a compartir también sucesos de sus vidas. Así salieron el #metoo Brasil, Argentina, China, India, etc. En enero de 2019 una página de Instagram (@shadesofinjera) inició el #metoo Etiopía para animar a las mujeres de este país a compartir sus historias. En pocas horas, muchas mujeres mandaron sus relatos de abusos.

 

Mi padre nos ha estado haciendo esta mierda a mi hermana y a mí durante AÑOS durante nuestra infancia, adolescencia e incluso en la edad adulta. Y cuando finalmente tuvimos el coraje para hacerle frente, él, sin pestañear, dijo simple, calmada y despreocupadamente: “… es común”.

                                                                                                      (Testimonio anónimo)

 

“Misaye” me susurró usando el nombre que usaba mi familia para llamarme, haciendo que el hedor de su boca fuese hacia mis fosas nasales mientras sus dedos llegaban a su destino. Me sobresalté completamente despierta.

                                                                                                   (Fragmento de un testimonio anónimo)

 

Hay muchos relatos como estos en la página de Instagram de @shadesofinjera. Muchas mujeres nos cuentan que sufrieron abusos por parte de personas cercanas; tíos, abuelos, primos, hermanos y padres. Si ya es difícil hablar de una violación, el hecho de que el daño haya sido provocado por un familiar aún agrava más la situación, ya que se vuelve un tema más tabú de lo que ya suele ser. Además tenemos que añadir las dificultades que se tienen cuando una mujer va a denunciar y la juzgan a ella en vez de al agresor.

Hace unos meses los diarios locales se llenaron de artículos sobre unas mujeres indias que se habían organizado para boicotear bodas infantiles. La India no es el único país con esta práctica, son muchos los países donde aún se arreglan bodas entre señores y niñas. Etiopía aún no ha podido frenar esta atrocidad, aunque es una práctica prohibida, las autoridades cierran los ojos ante esta vulneración de los derechos de la infancia. Cuando los políticos fallan, todas deberíamos hacer como las mujeres de la India y hacer cambios en nuestro entorno, no debemos naturalizar lo que claramente es un suceso terrible.

Desde el movimiento #metooethiopia se ha pedido en numerosas ocasiones que el gobierno etíope tome parte de esta tendencia y impulse cambios para proteger las mujeres y niñas. Ningún país debería tener unas políticas que excluyan a sus ciudadanos. Donde el patriarcado es norma, la lucha es un deber ciudadano.

Gracias a la acción de una persona preocupada por conocer todas estas vidas invisibles, muchas mujeres han podido comprobar que no están solas, que todas nos encontramos frente a un mismo enemigo y un mismo mal. A estas alturas, nuestra revolución es imparable. Como gritábamos el 8 de marzo, “el miedo va a cambiar de bando”.

 

Bezawerk Oliver