Cerca d’orígens

¿A quién corresponde la búsqueda de los orígenes de las personas adoptadas? ¿Es un proceso únicamente suyo o corresponde también a sus padres adoptivos?

Lo normal es que el cien por cien de los hijos adoptados busquen sus orígenes, según el Dr. David Brodzinsky, autor del libro Soy Adoptado e investigador reconocido a nivel mundial en temas de adopción. Sin embargo, esta búsqueda pocas veces produce los dramáticos encuentros que vemos en la televisión. La búsqueda, en realidad, se puede hacer de muchas maneras con diversos resultados. Mientras que hay personas adoptadas que tienen una gran necesidad de conocer a sus familiares biológicos, muchos son los que simplemente quieren respuestas a ciertas preguntas – o que, más que nada,necesitan hablar, compartir sus sentimientos y sus inquietudes y así ir construyendo su particular visión de su vida.

Brenda Padilla Ericksen
Instituto Familia y Adopción

Abril 2012

La búsqueda de orígenes forma parte de un proceso normal de desarrollo de la persona y se considera hasta necesario para construir una identidad sana – es decir, una visión integral y positiva de uno mismo; empieza mucho antes de que un niño pueda ser capaz de hacer una búsqueda real de las personas que ha dejado atrás. Desde pequeño, el niño que hace preguntas y comparte sus reflexiones, fantasías y sentimientos con sus padres va por buen camino. Está recogiendo y examinando diversas piezas de un gran puzle para intentar poner orden y ver el sentido en todo lo que le ha ocurrido hasta ese momento en su vida. A medida que va creciendo busca, no sólo información, sino el gran retrato que puede recrear a través de esa información.
Por otro lado, el niño que no pregunta nunca y que no muestra ningún interés puede ser causa de preocupación. ¿Se siente libre para preguntar, comentar, indagar sobre su pasado? ¿Tiene miedo de hacer daño a sus padres? ¿Cree que tiene que elegir entre una familia y otra, que solo puede reconocer una de sus realidades? ¿Es la adopción un tema tabú en su familia? ¿Se siente avergonzado por ser diferente y tener un origen diferente al de su familia?

La búsqueda de orígenes es algo personal e íntimo que corresponde principalmente a la persona adoptada. Es un derecho de él como ciudadano que está reconocido hasta por ley en España. Sin embargo, los padres adoptivos también juegan un papel importante en este proceso. Pueden apoyar y ayudar muchísimo a su hijo en la elaboración de su búsqueda. Y en este sentido podríamos decir que comparten la búsqueda, que de cierta manera, puede ser de las dos partes.

A modo de consejos

¿Qué pueden hacer los padres adoptivos para apoyar esa búsqueda tan natural y normal de sus hijos?
Primero, pueden recoger todos los datos posibles sobre el pasado de sus hijos antes de que desaparezcan. Estos datos incluyen los nombres de sus familiares biológicos si es posible, información sobre su historia – sobre todo los motivos de su separación de la familia de origen – historial médico (incluyendo el parto, el nacimiento y los demás familiares si es posible) y también documentación sobre otras familias o centros en los que han vivido, además de logros y acontecimientos importantes que ocurrieron antes de unirse con su familia actual.

Segundo, pueden crear un clima de confianza en el hogar donde se pueda hablar de absolutamente todo con total normalidad. Es quizás el mejor regalo que pueden dar a sus hijos. Pueden dar ejemplo y abrir el diálogo compartiendo sus propias preguntas e inquietudes con sus hijos para que estos se animen a revelar los suyas. Otro factor importante en este ámbito es aceptar los sentimientos de enfado o de tristeza de los hijos que surgen al comprender diferentes aspectos de la realidad de su pasado. Así se fomenta aún más la comunicación y si algún día, cuando sea mayor, decide emprender una búsqueda “real” para encontrar e incluso quizás conocer a sus progenitores u otros familiares biológicos, todos estarán más preparados para apoyarse mutuamente durante el proceso.

Tercero, pueden aprovechar este clima de apertura y aceptación para compartir poco a poco, según la madurez del niño, todo lo que sabe sobre su pasado – hasta la información más difícil y complicada. Hay que recordar que los hijos tienen derecho a saber la verdad y que toda la información que tienen los padres sobre su pasado les pertenece a ellos. En cuando a los temas más difíciles de abordar, se trata de ir preparando el terreno para equiparles de los recursos personales que van a necesitar para poder digerirlos. Esta labor puede comenzar en serio sobre los 8 años, cuando los hijos son ya más maduros pero todavía no han entrado en la plena adolescencia. También se puede hacer con la ayuda de un profesional – sobre todo en el caso de tener que compartir las informaciones más duras que podrían afectar de forma negativa la autoimagen del niño si no se trata de forma adecuada.

Y por último,

los padres pueden jugar un papel fundamental a la hora de formar a sus hijos para interpretar toda la información que van acumulando. Sin la ayuda de sus padres, los niños y los jóvenes fácilmente llegan a todo tipo de conclusiones erróneas. Pueden decidir que fueron apartados de su familia biológica porque tenían algún déficit. Algunos fantasean con que tal vez hayan sido robados y que sus padres biológicos volverán algún día por ellos. Otros viven con un sentimiento de culpa por haber hecho algo malo, algo que no recuerdan, pero que impulsó a su madre biológica a abandonarle… Son los padres quienes pueden compartir perspectivas maduras para ayudar a sus hijos a elaborar una versión de los hechos lo más realista, sana y positiva posible.

Para resumir,

es normal que los hijos adoptivos tengan una intensa curiosidad sobre su pasado que les empuje a buscar información sobre sus orígenes y quizás algún día, más que solo información. Y mientras que esta búsqueda es algo suyo, lo pueden compartir con sus padres – necesitan compartirlo con sus padres. Lejos de crear problemas en la familia, el hecho de compartir algo tan íntimo, fomenta la confianza, el amor y la felicidad; enriquece la relación entre padres e hijos a la vez que ayuda al hijo a crecer sin temores y tabúes en un ambiente donde reina la transparencia, el aprendizaje y el crecimiento personal.

Brenda Padilla Ericksen

Instituto Familia y Adopción

Parlant de l’adopció

En un pasado no muy lejano, las familias ocultaban el hecho de que sus hijos habían sido adoptados. De hecho, muchos se enteraban de manera fortuita, por ejemplo, a la muerte del padre o de la madre. El impacto que a veces producía el descubrimiento en estas circunstancias resultaba realmente traumático.

Hoy día, la adopción está socialmente aceptada como una forma más de constituir una familia y sabemos que cuanto más cómoda se encuentre la familia hablando de los orígenes de sus hijos/as y de todo lo que rodeó su adopción, tanto más a gusto y más integrada tendrá el niño/a su propia historia.

La cuestión es desde donde hablamos, si lo hacemos desde la mente, desde lo políticamente correcto, o desde el corazón. Los resultados no serán los mismos.
¿Nos hemos parado alguna vez a hacer esta reflexión?

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¿Desde dónde hablamos de la adopción?

Marzo 2012

Aunque en un pasado reciente la adopción estaba llena de secretos y mentiras y, en cambio, hoy día, está considerada como una manera más de formar una familia, lo importante es saber desde donde hablamos de la adopción, porque podemos hacerlo desde lo racional o desde lo emocional, desde la empatía o desde el dolor, desde el reconocimiento o desde el juicio y esto lo van a percibir nuestros hijos.

Por ejemplo, podemos hablar de su madre biológica y de su país de nacimiento desde una posición que creemos que es la políticamente correcta, de respeto, de reconocimientos, etc., pero hacerlo solamente desde lo racional, desde la mente, pero no desde el corazón, desde lo emocional.

En el corazón podemos tener sentimientos de reproche o resentimiento por haberles, por ejemplo, maltratado, o por tener una política demográfica que discrimina a las niñas. Incluso podemos sentirnos mejores que ellos porque nosotros nunca los hubiéramos abandonado. Podemos, también, tener miedo a que algún día quieran buscar sus orígenes… conocer a su familia biológica…el país donde nacieron…

Dicen que muchas familias adoptivas están compuesta por los que son, más uno más: el fantasma de la familia biológica, especialmente de la madre, a quien en muchas familias adoptivas ni siquiera saben bien cómo nombrar.

Los niños perciben y captan más los sentimientos profundos que las palabras superficiales, por eso si hablamos sólo desde la razón, que nos dice lo que tenemos que decir, pero no lo que siente, ellos lo sabrán, percibirán nuestra dualidad y ellos también vivirán esa dualidad entre lo que dicen sentir y lo que sienten en lo más profundo de su ser. Cuando no hay unidad interior entre lo que decimos y lo que sentimos surgen los conflictos, y nuestros hijos vivirán esos conflictos como propios, porque ellos nos devuelven nuestra propia imagen.

En la consulta lo vemos con frecuencia. Eleonora acude por dificultad en la estructuración del lenguaje. Al cabo de un tiempo la madre, que ve que evoluciona positivamente, pregunta si la niña repite muchas veces que no sabe o que no puede. En la consulta nunca lo ha hecho. Se queja de que con ella lo repite continuamente y que no deja que le enseñe nada. Al confirmar que no lo hace con otros miembros de la familia, la pregunta es evidente: ¿Tú temes que no pueda? Respuesta de la madre: Tengo miedo de que se retrase…de que no llegue… de que no aprenda…
Tu miedo puede ser a que no aprenda… a que sea discriminada…a que algún día pregunte por su madre “verdadera”, a que quiera conocer la historia de por qué la abandonaron… Tus miedos serán los suyos…porque en el fondo ellos son nuestros espejos… pero también, si queremos, son nuestros maestros porque nos muestran aquello que tenemos que trabajarnos nosotros mismos si queremos que nuestras propias carencias no se reflejen en ellos.

Es importante tomar conciencia de que nuestros hijos no son los únicos que traen una mochila, sino que cada uno de nosotros tiene también su propia mochila, y que dependiendo de lo consciente o inconsciente que seamos de ello, de lo que nos hayamos trabajado a nosotros mismos o no, hablaremos con ellos de una forma u de otra y no sólo de la adopción sino de cualquier otro tema relacionado con la forma de vivir la vida, porque la podemos vivir desde el miedo o desde la valentía, desde la tristeza o desde la alegría, desde el dolor o desde la superación de ese dolor.
Esto explica por qué unos niños, a pesar de que sus familias han hablado desde el principio con ellos sobre su adopción no terminan de asumirlo, mientras que otros sí lo hacen y lo viven como algo positivo. Puede estar ocurriendo lo mismo que con los gérmenes, que no poseen la capacidad de crear las condiciones que necesitan para sobrevivir, sino que tienen que encontrar el entorno adecuado. El simple hecho de hablar con ellos sobre la adopción no es
suficiente. Lo importante es desde dónde se hable.
Tenemos que tomar nuestra propia fuerza. Si no lo hacemos, ellos tampoco tendrán fuerzas para enfrentar la diferencia, el desarraigo, la soledad, la rabia, etc. y siempre dependerán de los demás, de su aceptación, de su valoración y de su reconocimiento.
Si, por ejemplo, en nuestro fuero interno los vivimos como víctimas, por las penalidades que han pasado, ellos se vivirán a sí mismos como víctimas. Si somos capaces de verlos como seres con potencial, como semillas que tienen dentro la capacidad de crecer y de enfrentar y superar los problemas, encontraran dentro de ellos mismos la fuerza para hacerlo. Si nosotros sentimos la libertad de expresar nuestros sentimientos, ellos aprenderán a hacerlo también. Si nosotros no hemos elaborado nuestros propios duelos, difícilmente podremos ayudarlos a ellos a elaborar los suyos. Si nosotros mismos hemos sufrido abandono anímico en nuestras propias familias de
origen, su abandono resonará en nosotros y, a menos que nos trabajamos a nosotros mismos, será difícil que podamos trabajar con ellos su propio abandono.

En conclusión, tenemos que hablar con nuestros hijos sobre su “ser adoptivo”, sí, pero lo importante es desde dónde lo hacemos. Si lo hacemos desde nuestro propio dolor, desde nuestras propias carencias, desde nuestra propia mochila o desde lo racional, difícilmente los podremos ayudar porque nuestras palabras no llegarán más allá de sus oídos. No les llegarán al corazón porque son muy perceptivos y copian lo que hacemos o sentimos y no lo que decimos. La clave está en hablar desde la empatía, desde una valoración de su ser más profundo y desde la potencialidad y la fuerza que cada uno llevamos dentro de nosotros mismos, de la que tenemos que tomar conciencia, sabiendo que la solución no está fuera sino dentro, tanto de nosotros mismos como de nuestros hijos e hijas.

Instituto Familia y Adopción

info@familiayadopcion.com
www.familiayadopcion.comwww.familiayadopcion.com

Construcció aula necessitats especials

En el mes de enero de 2012 se iniciaron las obras de construcción del aula para niños y niñas con necesidades especiales y para el programa de atención a menores desnutridos.  Esta aula, que se construye con la aportación económica de AFNE, tendrá una superficie de 50 m2 y será un espacio diáfano con un lavabo. Como podéis ver en las imágenes, las obras avanzan a buen ritmo y está previsto que finalicen en el mes de abril y se pueda proceder a su equipamiento. Os mantendremos informados.

 

Nueva aula
Aula en construcción

 

Article febrer 2012

¿Por qué no avanza en la escuela al mismo ritmo que los demás?

Un niño o una niña de 6 años, en un entorno familiar y escolar adecuado, tiene un lenguaje expresivo (palabras que usa habitualmente) de unas 2.600 palabras y un vocabulario receptivo (palabras que entiende) de 20.000 a 24.000 palabras.

Un niño adoptado a los 5 años, cuya lengua materna fuera diferente,  tendría que aprender un promedio de 54 palabras nuevas todos los días con el fin de igualar  las habilidades de comprensión del lenguaje de sus compañeros  de 6 años. Además,
mientras que el niño adoptado se está poniendo  al día, sus amigos de 6
años, ya han añadido un promedio de 5.000 palabras a su vocabulario. A esto se
suma el hecho de que al haber pasado los primeros años de su vida en una
institución no han recibido la estimulación adecuada en los períodos óptimos de
crecimiento cerebral, cuando las llamadas ventanas del aprendizaje estaban
abiertas. Pasado ese momento el esfuerzo necesario para ese aprendizaje se hace
más difícil.

Esperar que los niños mayores adoptados alcancen en un plazo de
1 a 2 años a sus compañeros en las competencias escolares es poco realista. Lo
que suele ocurrir es que mientras los demás alumnos avanzan a un determinado
ritmo, ellos se van quedando rezagados a medida que avanzan los cursos.

Es lo que se conoce como Déficit Cognoscitivo Acumulativo. ¿Sabemos cómo ayudarles en esta situación?

Leed el artículo elaborado por el Instituto Familia y Adopción en:
ARTÍCULOS – Febrero 2012