Etiopía, promotora de la integración política en el Cuerno de África

Uno de los problemas del debate sobre el desarrollo político es que tendemos a categorizarlo todo en regiones, y estas, en regiones aún más pequeñas, y entonces fallamos al crear conexiones entre las crisis políticas dentro de una región. ¿Qué impacto regional tiene que el gobierno de Sudán del Sur aún no haya llegado a un tratado de paz con los grupos rebeldes después de tantos intentos y expectativas? ¿Qué pasa por el hecho de que Somalia tenga un sistema federal que no reconoce Somalilandia como un Estado? ¿Qué efecto tiene que Eritrea no haya cambiado las condiciones internas para evitar el éxodo hacia Europa después de haber firmado un tratado de paz con Etiopía o que les hayan levantado las sanciones internacionales?

Djibuti, Eritrea, Etiopía, Kenia, Somalia, Sudán y Sur Sudán constituyen la región llamada “Cuerno de África” o “África del Este”, y los conflictos que haya en uno de estos países generan un efecto dominó que solo se podrá solucionar si se consigue una estrategia común que considere las necesidades y las capacidades de cada país.

Del mismo modo que Mary Kaldor estableció que ha habido un cambio en la magnitud y el tipo de conflictos violentos en el mundo, a pesar de la volatilidad del Cuerno de África, podemos decir que la trayectoria de la paz se está priorizando más que nunca. Si bien la tendencia es una competición para adquirir la hegemonía política en la zona, la vía para alcanzarla ya no es el enfrentamiento militar, sino el poder que se deriva de controlar las sinergias entre los países para cooperar en favor de la paz en la región.

La mejor manera de ver esto es mediante la conexión del desarrollo económico y político, ya que el potencial de paz de la región no puede aislar los factores que llevan a una mayor integración económica en el Cuerno de África como indican los expertos.

 

Carretera de Addis Abeba hacia Arba Minch

 

Las teorías económicas sobre conflicto, promovidas por teóricos como Adam Smith, establecen que más cooperación económica entre países significa menos posibilidades de que haya conflictos violentos, porque los líderes nacionales priorizan los beneficios mutuos sobre las ganancias absolutas.

En el Cuerno de África, el proyecto de la integración económica y, por tanto, el de la estabilidad regional está liderado por Etiopía. La construcción de la presa de agua en el Nilo (70% completada), la exportación de petróleo de Sudán del Sur y no de Oriente Medio, la construcción de un oleducto para exportar gas natural de Etiopía en el puerto de Djibuti (en proceso de negociación para aprobar un plan de tres años de construcción) y una autopista para conectar con el puerto de Berbera a Somaliland (también en construcción), son nuevas iniciativas económicas que impulsan este objetivo de más integración política en el Cuerno de África y refuerzan la hegemonía política de Etiopía en la región.

 

El objetivo por la hegemonía regional es inherente a la identidad etíope

Etiopía tiene un legado de líderes políticos que han creído en el potencial del país para establecer su hegemonía política en la región del Cuerno de África, y abrirse paso entre los países más poderosos del mundo. Haile Selassie posicionó Etiopía a nivel internacional, siendo el primer país africano independiente en establecer vínculos con los países occidentales mediante su acceso a la ONU, en 1945. Pero como explican tanto el periodista Ryszard Kapuscinski en su libro El Emperador, como Abraham Verghese en la novela Hijos del ancho mundo (en inglés, Cutting for Stone), abrirse al exterior tiene grandes implicaciones.

Durante el gobierno de Haile Selassie una serie de revueltas fueron organizadas por una parte de las fuerzas nacionales y estudiantes descontentos con la política de austeridad y negligencia para intentar derribar el régimen del emperador Selassie mientras él se encontraba en el extranjero creando lazos internacionales. Hoy, a Abiy Ahmed (el primer ministro de Etiopía desde el 2018) también lo han acusado de priorizar su papel en el terreno internacional criticándolo por responder tarde a los ataques étnicos y religiosos que tuvieron lugar en Oromia durante el mes de octubre de este año.

Quizás según donde Abiy focaliza su energía, podríamos decir que su filosofía política de ‘Medemer’ se aplica mejor a su política de exterior. Medemer entendida como la sinergia de comunidades superando sus diferencias para cooperar; es la filosofía que sustituye la falta de cohesión social en la región y es necesaria para la estabilidad política en el Cuerno de África.

 

El proyecto de la liberalización económica es instrumental a la integración regional

Emmanuel Yirdaw explica en la revista online Ethiopia Insight que el problema del reconocimiento de identidad no se resolverá aunque las élites políticas etíopes intenten reformar el país hacia una democracia liberal. Uno de los resultados de esta reforma política ha sido el proceso de ampliación del espacio político que ha creado una oportunidad para que demandas políticas, hasta ahora fuertemente reprimidas, puedan ser expresadas; y que organizaciones etiquetadas de terroristas, como el Oromo Liberation Front (OLF), puedan cuestionar narrativas dominantes sin el riesgo de ir a la cárcel o al exilio.

Pero la introducción de nuevas libertades colectivas e individuales no resolverá el problema de reconocimiento de identidad. Esto es evidente si miramos los conflictos políticos que hay en las democracias occidentales. La fragmentación del principal partido político etíope EPRDF (que ha gobernado durante veinte años) y su evolución en el nuevo partido nacional ‘Prosperity Party‘, se aprobó el 16 de noviembre de este año para romper con la cultura de una política discriminatoria hacia los grupos étnicos minoritarios. Pero si el objetivo es imitar las democracias de Europa, podemos afirmar que el problema del reconocimiento de identidad persiste, aunque adopta diferentes formas. Josep Fontana, en su libro Democracia y capitalismo: cómo empezó este engaño, parte de la premisa de que las libertades que disfrutamos en las sociedades liberales democráticas, son fachadas de la desigualdad que todavía sostiene el sistema político liberal democrático. Entonces, podemos predecir fácilmente que en Etiopía la privatización de la economía también conducirá hacia la acumulación de capital en manos de la élite económica que acabará controlando la política de back stage, entre bambalinas, y establecerá nuevas formas de discriminación.

 

Mekele, capital de Tigray

 

Sin embargo, a nivel macro, es evidente que la liberalización de la economía contribuye al proyecto de paz regional a través de la interdependencia económica. Mediante la liberalización del mercado, pasando de una economía proteccionista a una economía abierta al exterior, Etiopía está convirtiendo en el principal creador de proyectos económicos con los países vecinos y contribuye al trabajo de estabilizar el mercado intraregional.

Los que estudian Europa como referente del proyecto de integración política han visto que el motivo por el que la paz en el Cuerno de África ha sido una ilusión hasta ahora se debe precisamente a la baja cooperación económica entre los países del propio Cuerno de África, a pesar de la existencia de una organización transnacional como IGAD. Pero considerando las aspiraciones políticas de Etiopía, podemos decir que el objetivo tras estas iniciativas económicas no es más que el de establecer su hegemonía política en la región.

 

Etiopía, líder del Cuerno de África

La interdependencia económica entre los países vecinos es un principio de cooperación que surge de la necesidad de satisfacer las nuevas e inminentes necesidades de los ciudadanos. Esta integración económica en la región es posible gracias a las presiones ejercidas por las movilizaciones revolucionarias. Etiopía ha visto que puede mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos mientras explota sus recursos y su capacidad negociadora para adquirir más influencia política y económica en la región del Este de África, sin recurrir al mercado global y sin depender de inversores internacionales, claramente cumpliendo los ideales del panafricanismo.

El 7 de noviembre de este año, Eritrea organizó la primera reunión de la Comisión Económica para África (ECA) para promocionar la integración económica como la herramienta para mejorar las capacidades económicas de los países africanos; el 30 de octubre, Etiopía anunció que exportaría petróleo de Sur Sudán en lugar de Oriente Medio para poder reducir los costes de importación entre el 15%-20% y sobre todo aumentar el valor del mercado en África del Este; y el 16 de noviembre de este mismo año, Etiopía estableció un acuerdo con Djibouti para construir un oleoducto para transportar gas natural desde Etiopía hacia el puerto de Djibouti. Pero el gran proyecto de integración regional a través de la economía es la construcción de la presa de agua en el río Nilo (iniciado en 2011), un proyecto de orgullo nacional que tiene como objetivo mejorar la tasa de pobreza del país distribuyendo y exportando la energía eléctrica residual en los países de la región. Las últimas retóricas entre Egipto, Sudán y Etiopía en las negociaciones sobre la construcción de esta presa de agua han demostrado que el proceso de la integración económica también puede generar conflictos aunque, a largo plazo, el efecto positivo de la interdependencia entre los participantes es más significativa.

He mencionado todas estas iniciativas económicas porque demuestran el creciente compromiso de los países del Este de África para trabajar por la integración económica y, a la larga, para la integración política en la región como el vector para la paz. Etiopía tiene ventaja en la carrera por la hegemonía política porque, mediante estos vínculos económicos y su papel de negociador, demostrado también en la transición política a Sudán, está aumentando su influencia, por ejemplo, recuperando su acceso a puertos del mar Rojo del Cuerno de África.

 

Ennatu Domingo Soler